RELACIONES

El día que murió mi madre, aprendí algo importante: hay que disfrutar de los seres queridos mientras vivan porque una vez muertos no podremos disfrutar más que de sus recuerdos. Damos prioridad a muchas cosas que son importantes, por supuesto, pero estamos tan ocupados en pelearnos, en juzgar lo que otros hacen, que nos olvidamos de querernos y de actuar sin prejuicios y sin juicios, y dejamos de actuar desde el amor que que portamos; parejas que se quieren y se olvidan del amor que los une, familias que olvidan lo importante y el objetivo de su existencia, amigos que no respetan las diferencias con sus amigos, que quieren imponer lo que quieren que es otro. Pero el día que ese persona muere nos entristecemos porque no vivimos ni disfrutamos su compañía, o lloramos porque nos sentimos culpable por lo mal que nos portamos o por el sufrimiento que le causamos y, es entonces , cuando las valoramos y queremos decirle todo lo que quedó sin decir y queremos resolver todo lo que ya no se puede resolver. Celebra la vida, empieza contigo mismo, conócete y descubre lo que te hace feliz y realízalo. Cada mañana saluda la vida con la que despiertas y dile: aquí estoy, vamos adelante, si alguien ha podido hacerlo, yo puedo. Y si no lo ha hecho nadie yo seré el primero. La vida es corta, empléala en sonreír, en ignorar las criticas destructivas y reflexionar las constructivas para que tu corazón piense y tu cerebro sienta conjuntamente. Sorpréndete de lo rápido que llega la ayuda que necesitas, desde dentro y desde fuera.

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